Hoy me pasó, me enfermé. Se me inflamaron los pies de una forma tal que casi no podía caminar. Y me dolían horrible, de hecho aún me duelen. Y vino una amiga a verme y cuando me vio no pudo evitar decirme lo que ya se. Que engordé más.
Así que me animé y usé la báscula que compré hace tres años cuando intenté bajar de peso y que uso para trancar la puerta de mi habitación. La sorpresa fue mayúscula cuando mi amiga me dijo que había quedado en ceros, es decir, dio la vuelta. Así que peso ya 130 kilos, la última vez que me pesé pesaba 123... con razón se hincharon mis pies. Lo que le hago a mi cuerpo no tiene nombre, pero si valor en kilos. Una desgracia.
Así que salí a urgencias corriendo (en sentido figurado). Afortunadamente no estoy enferma dijo el médico, es decir, no sufro de colesterol, triglicéridos o azúcar. Yo creería que si no cuenta la obesidad mórbida como enfermedad sería la mujer mas suertuda.
Y este impase de salud que me lleva por tercera vez a visitar galenos y tomarme exámenes; a tomas de electrocardiogramas y correrías por especialistas, me lleva reflexionar sobre algunos de los dilemas más fuertes que me atacan como persona obesa sabiendo que no me molesta mi gordura sino las restricciones que los demás me imponen:
- ¿cómo nos vemos y cómo nos ven los demás?
- ¿cómo se siente la discriminación de la gente en la calle?
- ¿porqué no puedo dejar de comer?
- ¿cómo la gente sigue creyendo que los artículos y productos milagrosos para adelgazar así como las agüitas no funcionan?
- ¿porqué todos creen que yo voy buscando dietas y me las cuentan sin estar preguntando?
- ¿qué siente una persona gord@ cuando compra ropa?
y para eso hice este blog. Para desahogarme y voy a empezar por contar mi experiencia en el trasporte público todos los días.
"la cara que pone la gente cuando sólo queda una silla vacía y es a mi lado"
Es horroroso. Algunos prefieren seguir de pie. Y escuchas que murmuran. Otros te empujan como si empujando se fueran de forma inmediata estos kilos de más. Es humillante, antes me hacía la dormida ahora los miro a la cara. A ver que me van a decir. Yo pagué mi pasaje y tengo derecho a ir en el bus igual que ellos. Ya me da igual lo que piensen. Y hay algunos buses que no puedo tomar porque la registradora es tan pequeña que no puedo pasar o paso y me lastimo. Y ni hablar del trasporte colectivo. Es imposible. Caso diferente en los aviones... en febrero viajé a Cartagena desde Bogotá, donde vivo y casi que tuve que pedir la cinta extensora del asiento. La verdad es algo incómodo porque la gente mira a ver si de veritas puedes apuntar el cinturón y sientes la presión de la azafata porque no sigues las instrucciones. Tenaz.
Antes me daba tristeza ahora sólo risa. Hay más personas que sufren por el transporte en el servicio público y no son gord@s. Mi novio, por ejemplo, no es gordo pero es muy alto. Mide 1.87 m y todos los que conozcan estos vehículos sabrán que el pobre siempre va agachado, Y si es un colectivo es casi imposible viajar ahí o sentarse. Pero nos toca y por eso, hay que poner al mal tiempo buena cara.
Yo digo, si les incomoda NO ME MIREN!!! Y pues la idea es bajar de peso para ser saludable, no para dale gusto a nadie.
¿te ha pasado algo igual?
Cuéntame, aquí nos hacemos de la vista gorda.
Una abrazo,
Liliana.

